viernes, 17 de febrero de 2012

"Las despedidas son esos dolores dulces"

15/02/12
Ignacio Lafuente

Es cierto, todavía resta una fracción de jornada escolar, pero hay que reconocer que fue el último día de clases completo de principio a fin. Cada uno pudo participar de emotivas despedidas, que si bien no son las últimas ni las más emotivas (eso quedará para el aeropuerto supongo), representan la conclusión de un ciclo no intenso pero de acostumbramiento y encariñamiento con los profesores, alumnos y demás de Georgetown Preparatory High School.
Un ejemplo de una última clase: Spanish Dialectology.
Por mi parte, me tocó despedirme de Religion, un híbrido de filosofía, catequesis, psicología y hasta biología; de la clase de gramática y literatura inglesa (Language); y de las otras clases, pero sobre todo de la clase de AP de español, un espacio en el que tuve el lujo y el agrado de compartirlo con Santi y un grupo de doce jóvenes muy divertidos y abiertos para con nuestras visitas y participaciones. Entre risas y disfrute, como en todas las clases de dicha materia en las que me tocó estar, pudimos sacar un par de fotos para recordar a ese gran grupo, aunque dudo que la puedan ver por este medio por motivos de infraestructura tecnológica que lo impiden en este preciso momento. Si no es así, bienvenido sea, por supuesto.
Después del almuerzo, gracias a las horas libres pude ir a jugar al básquet con los dos Joaquín y con Angel, y en cuestión de un par de horas las clases habían terminado. Lamentablemente no hay mucho para contar a nivel grupo a partir de este momento, porque me fui temprano del colegio debido al cansancio que tenía. Una vez en la casa, busqué comida por doquier, pero me tuve que conformar con poco (los padres de Oliver se habían ido de viaje a Barbados el domingo, y volvían este mismo día, por lo que las alacenas y la heladera estaban bastante vacías). Durante el resto de la tarde, mientras estuve escuchando cumbia (soy de la estirpe del rock nacional, pero quizá el alejarme de mi país un tiempo considerable me despertó un gusto extra por el tan criticado pero alegre género), tuve el desagrado de escuchar y presenciar una pelea entre hermanas. Sí, obviamente era por una estupidez, pero los gritos y la discusión daban a entender otra cosa. Por suerte fue mejorando y al rato todo estaba otra vez bien. ¿En paz? No sé si tanto, pero al menos se dieron una tregua.
Más tarde, tuve la última cena compartida con Katie, la prima de Oliver, que estaba viviendo con nosotros al estar ausentes los adultos responsables en casa. También comí con las hermanas más chicas, y hablamos de cosas muy interesantes, como el idioma y la vida en otros países y culturas. Después les pregunté a las chicas acerca de la discusión, pero los ánimos ya habían sido apaciguados gracias a Dios. A eso de las once y media llegaron los padres de Oliver. ¡Por fin! ¡Mi pilón de ropa sucia está desesperado por entrar al lavarropas, y la heladera está más vacía que la cancha en el partido de los Wizards! Por ahora todo sigue igual, pero calculo que para los próximos días mis reclamos implícitos se harán oír. Sé que les debo mucho, pero tengo que reconocer que les voy a tener que seguir debiendo por un par de días más.

1 comentario:

  1. Ya cerca del final debo decirles que fue un placer compartir el viaje y las vivencias con uds desde este blog. Los felicito por el estilo, los detalles y por hacernos partícipes, a la distancia, de esta experiencia. Buen viaje de regreso!

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