martes, 14 de febrero de 2012

"I want to wake up in a city that never sleeps"

11/02/12
Santiago Díaz Cantón

Sonó el teléfono-alarma y Octavio y yo fuimos los únicos en despertarnos. Me levanté para ducharme y cuando salí del baño, todos seguían acostados, por lo que los tuve que despertar cual líder de campamento.
Estatua de Alicia, localizada en el Central Park.
Bajamos al lobby para encontrarnos con el grupo y de ahí fuimos a Ess-a Baegel para desayunar los famosos y recomendados baegels neoyorkinos. Yo me pedí uno tostado con queso crema adentro, al igual que la gran mayoría, y podría decir que estaba bueno. Después, volvimos al frio para caminar por el Central Park. Primero, pasamos por el zoológico, en el cual sólo vimos unas cuantas focas y después seguimos camino al Metropolitan Mueseum of Arts, mejor conocido como “Met”. Una vez ahí, nos dieron las opciones de seguir la visita guida o recorrer el museo por nuestras cuentas. Yo elegí la primera. Al no ser un fanatico del arte, el Met no me pareció muy interesante, pero la verdad es que esa no es la opinión general, sino que algunos del grupo lo disfrutaron. Además reconozco que si el arte me gustase, ese museo me encantaría, ya que incluía una gran cantidad de obras de arte de muchas épocas distintas
Terminado el tour, fuimos a almorzar a Subway y luego, camino al hotel, paramos en algunos lugares. Primero, fuimos a Dylan’s Candy Bar, una enorme casa de tres pisos en la que se venden todo tipo de golosinas, algo que sólo se encuentra en ciudades como NYC.  La idea era sólo mirar, pero casi nadie, incluyéndome, se resistió a comprar al menos algo. A continuación, entramos a la famosa juguetería Schwarz sólo para ver el enorme edificio que vende juguetes que nunca encontrarías en Buenos Aires. Por ultimo, fuimos al Apple Store bajo tierra por unos pocos minutos y después volvimos al hotel, aunque al pasar por al lado del Nike de cinco pisos, todos quisieron darse el lujo de entrar.
Después de menos de dos horas en nuestros cuartos, no subimos al metro de Nueva York, el cual se asemeja más a la línea D, y fuimos a Greenwich Village para cenar en Mc Donald’s antes de ir a una obra “off Broadway”, Stomp. Stomp es una de las mejores cosas que vi en mi vida. Consiste de un grupo de percusión que combina ritmo, humor e interacción con el espectador. Pero la mejor parte, es que no usan tambores o instrumentos parecidos, usan baldes, piletas de cocina, bolsas de plástico, papel, tachos, latas, tazas, cacerolas, sus manos y pies y más! Mis favoritos fueron un asiático de contextura pequeña que te hacia reír en cada escena, un joven caucásico que destacaba en la percusión y hacia solos excelentes y un afroamericano que era muy bueno tanto en humor como en habilidad musical.
Balcón en el piso 86.
Una ve terminada la obra, nos dividimos en dos grupos: uno iría con Josefina al mirador del Empire State y el resto iría con Mrs Menn a patinar sobre hielo en el Rockefeller Center. Yo decidí seguir a la chaperona hasta el edificio más alto de la ciudad, donde todos compramos la entrada más cara que te permitía subir hasta los pisos 86 y 102. En el primero, disfrutamos de una excelente vista desde un balcón, aunque hacía un frio indescriptible, nevaba y había mucho viento. Posteriormente, entramos a un ascensor viejo que nos llevaba hasta el mirador en el centésimo segundo piso, el cual era cerrado. Ahí, la vista era mejor, pero no era tan diferente de la anterior, por lo que personalmente opino que no vale la pena pagar extra para llegar hasta ese piso.
Finalmente, volvimos al hotel pasada la medianoche y mañana hay que levantarnos a las seis de la mañana, así que mejor irse a dormir.

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