Santiago Díaz Cantón
Sonó el
teléfono-alarma y Octavio y yo fuimos los únicos en despertarnos. Me levanté
para ducharme y cuando salí del baño, todos seguían acostados, por lo que los
tuve que despertar cual líder de campamento.
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| Estatua de Alicia, localizada en el Central Park. |
Bajamos
al lobby para encontrarnos con el grupo y de ahí fuimos a Ess-a Baegel para desayunar
los famosos y recomendados baegels neoyorkinos. Yo me pedí uno tostado con
queso crema adentro, al igual que la gran mayoría, y podría decir que estaba
bueno. Después, volvimos al frio para caminar por el Central Park. Primero,
pasamos por el zoológico, en el cual sólo vimos unas cuantas focas y después seguimos
camino al Metropolitan Mueseum of Arts, mejor conocido como “Met”. Una vez ahí,
nos dieron las opciones de seguir la visita guida o recorrer el museo por
nuestras cuentas. Yo elegí la primera. Al no ser un fanatico del arte, el Met no me pareció
muy interesante, pero la verdad es que esa no es la opinión general, sino que algunos del grupo lo disfrutaron. Además reconozco que si el arte me gustase, ese museo me encantaría, ya que incluía una gran cantidad de obras de arte de muchas épocas distintas
Terminado
el tour, fuimos a almorzar a Subway y luego, camino al hotel, paramos en
algunos lugares. Primero, fuimos a Dylan’s Candy Bar, una enorme casa de tres
pisos en la que se venden todo tipo de golosinas, algo que sólo se encuentra en
ciudades como NYC. La idea era sólo mirar,
pero casi nadie, incluyéndome, se resistió a comprar al menos algo. A
continuación, entramos a la famosa juguetería Schwarz sólo para ver el enorme
edificio que vende juguetes que nunca encontrarías en Buenos Aires. Por ultimo,
fuimos al Apple Store bajo tierra por unos pocos minutos y después volvimos al
hotel, aunque al pasar por al lado del Nike de cinco pisos, todos quisieron
darse el lujo de entrar.
Después
de menos de dos horas en nuestros cuartos, no subimos al metro de Nueva York,
el cual se asemeja más a la línea D, y fuimos a Greenwich Village para
cenar en Mc Donald’s antes de ir a una obra “off Broadway”, Stomp. Stomp es una
de las mejores cosas que vi en mi vida. Consiste de un grupo de percusión que combina
ritmo, humor e interacción con el espectador. Pero la mejor parte, es que no
usan tambores o instrumentos parecidos, usan baldes, piletas de cocina, bolsas
de plástico, papel, tachos, latas, tazas, cacerolas, sus manos y pies y más!
Mis favoritos fueron un asiático de contextura pequeña que te hacia reír en
cada escena, un joven caucásico que destacaba en la percusión y hacia solos
excelentes y un afroamericano que era muy bueno tanto en humor como en
habilidad musical.
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| Balcón en el piso 86. |
Una ve
terminada la obra, nos dividimos en dos grupos: uno iría con Josefina al
mirador del Empire State y el resto iría con Mrs Menn a patinar sobre hielo en
el Rockefeller Center. Yo decidí seguir a la chaperona hasta el edificio más alto
de la ciudad, donde todos compramos la entrada más cara que te permitía subir
hasta los pisos 86 y 102. En el primero, disfrutamos de una excelente vista
desde un balcón, aunque hacía un frio indescriptible, nevaba y había mucho
viento. Posteriormente, entramos a un ascensor viejo que nos llevaba hasta el
mirador en el centésimo segundo piso, el cual era cerrado. Ahí, la vista era
mejor, pero no era tan diferente de la anterior, por lo que personalmente opino que
no vale la pena pagar extra para llegar hasta ese piso.
Finalmente,
volvimos al hotel pasada la medianoche y mañana hay que levantarnos a las seis
de la mañana, así que mejor irse a dormir.


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